17.5.05

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La alcaldesa dice:


Esta carta de presentación, firmada por Rosa Aguilar, viene acompañada de una obra impresa titulada:
"Córdoba 1994-2004" editada por:
1-Córdoba Patrimonio de la Humanidad
2-Ayuntamiento de Córdoba
3-Córdoba 2016, Ciudad Europea de la Cultura


En ella podemos leer: "... Somos conscientes de que Córdoba no se pertenece a sí misma, porque la humanidad entera ha querido reconocerla como propia. Eso nos compromete aún más en la conservación y promoción de esa valiosa herencia que trasciende el ámbito y el tiempo de nuestra propia urbe.Y, a la vez, nos obliga a hacer posible una evolución hacia el futuro desde el valor peculiar que caracteriza a nuestra capital en el presente (...) La Unesco lleva diez años reconociendo la densidad y calidad monumental de nuestro Casco Histórico ..."

La plataforma pregunta: ¿Qué pasa entonces con el rascacielos a 50 metros del Casco Histórico?
Rosa Aguilar, señora alcaldesa: ¿Qué pasa con la torre?

cartas - manifiestos



RASCATECIELOS

Hace ya aproximadamente un año, cuando la constructora Prasa y del grupo de gobierno de nuestro ayuntamiento, ponían de manifiesto la construcción de una gran torre o rascacielos como edifício emblemático para nuestra ciudad, en el antiguo hotel Meliá. Evidentemente muchos de nosotros no lo tomamos a guasa y sobre todo después de los argumentos expuestos por parte del señor Ocaña, al defender una obra de tan alto grado de "modernidad", y que sería un privilegio poder disfrutar de las hermosas vistas sobre la Mezquita-Catedral, el río, y Madinat al-Zahra, yo creo que ya puestos, se le olvidó el castillo de Almodovar. Lamentablemente no merece la pena discutir esos argumentos, y esperemos que arregle el río antes de tan magnífica construcción y que no se le olvide de "la Noria", emblema creo también de nuestra ciudad, ya que por su deterioro tiene los dias contados.Pero sí creo, que merezca la pena reflexionar sobre algunas cuestiones que caracterizan esta "operación Meliá".A la memoria me viene cuando Prasa estaba dispuesta a regalar la Cruz Roja al Ayuntamiento, como edificio para el centro de arte, si se modifiocaba el PGOU, obstáculo para su rascacielos (según artículo de P.Cruz del 21/03/2005 en el Día de Córdoba); la verdad es que tanta generosidad me commueve, ¿será que hemos entrado en la era de las donaciones?, entonces ¿nosotros, como ciudadanos y ciudadanas, podremos donar algún que otro immnueble, y así construirnos un ático fantástico o de subir el techo del salón de casa 7 metros de altura, a pesar de quitarle la vista al vecino?, pues al parecer sí, siempre y cuando nuestro proyecto sea singular.¡Que contentos se van a quedar algunos después de tantos años de sufrimiento al no poder cambiar ni una reja!, ¡y que bonita se va a quedar Córdoba!.Otra cuestión es el emblema, me preguntaba ¿que ciudad del mundo tiene un hotel como emblema?, posiblemente habrá alguna, pero ¿se imaginan una ciudad como Roma, que tiene más de 2000 años de Historia cambiar como edificio representativo el Coliseo por el Hilton?, pues la verdad es que no, ¿si fuera la Opera de Sidney?, a lo mejor. Si nos parasemos a contar la veces que ha dicho nuestra alcaldesa Patrimonio de la Humanidad, en todos los discursos que lleva en esta legislatura, creo que no habria memoria humana que resistiera la cifra.¿Como podremos combinar esa "modernidad" de 70 metros de altura, a escasos metros de nuestra Judería y tan cerca de nuestra Mezquita, con Nuestro Patrimonio?. Quizás ella tenga la respuesta, por que yo no lo veo. Quizás esa combinación sea ver el edificio salir 30 metros por detrás de la Catedral cuando estemos en el Puente Romano, o ver desde los patios de San Basílio las últimas plantas del hotel, o cuando estemos disfrutando de una velada del Festival de Guitarra en los jardines del Alcazar veamos el racacielos, que por cierto ¿llevará luminoso el nombre de Prasa?, como sea así, cuando los turistas vayan por la Cuesta del Espino se van a creer que están en ciudad-Prasa.¿Y que me dicen ustedes de la reforma de la plaza? evidentemente nos transforman el parque de la Victoria, y la recién reformada puerta de Almodovar y no sabemos si tocaran el solar por detrás del hotel, que creo es de la ciudad.Y lo de lo último, ¿que me dicen?, al parecer nadie sabe nada, salvo el arquitecto; menos mal que están las hemerotecas, por que nos hacen pensar o que el equipo de gobierno mira al techo cuando se reune, o le ha entrado amnesia después del parto del engendro. Por todas estas preguntas sin respuestas y porque nunca se dan duros por pesetas, creo que este edifício solo repercute en unos particulares y beneficia a una empresa privada. Creo que como ciudadanos tenemos que mirar con el corazón, con sentido común y sin meternos las manos en los bolsillos, que a la ciudad no le hace falta un rascacielos que cubra las necesidades de un hotel, ya que en mi opinión se aleja bastante de ser un edifício emblemático, y que además hace peligrar el equilibrio urbanístico tan aplaudido en muchos foros.

Manuel Muñoz

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Desde el punto de vista de una futura arquitecta: ¿Habrá ido el arquitecto a ver el lugar donde va a colocar su torre? Visto lo visto me parece que no. ¿La arquitectura no debería dialogar entre sí? Resulta interesante el dialogo entre arquitecturas de diferentes épocas y sociedades, pero lo que aquí se produce es mas bien un enfrentamiento, en el que gana el proyecto de Ferrater por altura y vistosidad, pero no por calidad. ¿No habría que buscarle el lugar a cada cosa? Espero que se replanteen el proyecto, porque parece una “torre comodín”, con un diseño innovador, pero el lugar es el menos apropiado.

Chelo Pino (Escuela de Arquitectura de Alicante)
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Arquitectura nueva en Córdoba

Dado que Córdoba no es conocida por su industria, sino por su legado histórico, quisiera subrayar la importancia que tiene para la ciudad, el rumbo que tome la cultura en los próximos años. Para ello me gustaría señalar que no existe separación entre nuestra Historia y la modernidad. El arte contemporáneo y la arquitectura hecha hoy, por mencionar dos lenguajes artísticos, conforman un nuevo eslabón en esa larga cadena que llamamos cultura. No hay incisos. Cualquier edificio nuevo tiene por tanto su resonancia en el patrimonio.
Esto invita a entender la conservación del casco histórico y la arquitectura venidera como disciplinas contiguas. Por ejemplo, La Mezquita y el Palacio del Sur de Koolhaas, convivirán en la mirada contemporánea del paseante. Lo mismo pasa en las artes plásticas: la decoración color almagre en las dependencias de Medina Azahara, pertenece a la misma cultura visual que un cuadro de Julio Romero de Torres; el trabajo del Equipo 57; las jaulas desvanecidas de Pepe Espaliú; o las experimentaciones fotográficas mediante la telefonía por algún artista local. Todo ello es arte hecho en Córdoba, y todo ello confluye en nuestro presente.
Igual que las producciones artísticas nuevas, toda obra de arte antiguo pertenece también al momento actual, puesto que es hoy cuando gozamos de su contemplación. Sólo la persona que mira es capaz de dotar al pasado de actualidad. Por desgracia, del orgullo y la ignorancia nace el esnobismo, que es la presunción desmedida por la última tendencia, también la incapacidad para apreciar el lenguaje perenne, y por tanto contemporáneo, del arte de épocas pasadas.
El artista de hoy (desde su total libertad de expresión, para ello es artista), debería tener a su vez, conocimiento del relevo que le cede la historia. Su trabajo está destinado a convivir en la actualidad con el legado cultural que ya tenemos. En este aspecto es especialmente relevante la arquitectura. Por ejemplo, el caso del rascacielos del arquitecto Ferrater en el solar del antiguo Hotel Melía, carecía de esta sensibilidad. Los 70 metros de altura iniciales no contemplaban convivir en armonía con la cultura que poseemos. Ferrater no estaba teniendo en cuenta la ubicación de su torre. La prueba de ello es que se ha retractado. Estos días, hemos leído en la prensa que se reconsidera la idea inicial del edificio que pudimos ver en la web de Ferrater. No hay artistas dioses, todo el mundo se equivoca, hasta los arquitectos. Ahora bajan la altura del edificio de 70 a 45m. Aún con esta sabia rectificación, sigue siendo una torre muy alta, dado su emplazamiento junto a la Puerta de Almodóvar y la Judería. Córdoba no será más moderna si apostamos por una arquitectura de puerto marítimo y deportivo, propia de Benidorm, Marbella o Barcelona. El edificio de Ferrater será arquitectura cordobesa cuando esté construído, por lo tanto, ¿por qué no plantearlo a la medida de la singularidad de nuestro urbanismo desde el principio? ¿No estamos en Córdoba, una ciudad con personalidad propia?. Cuando se propone un rascacielos a unos 50 metros de la judería, se está ignorando esa cadena cultural que vertebra nuestra identidad. Sin un estudio detallado del impacto en el entorno, da la impresión de que Ferrater nos planteaba un edificio predeterminado, algún proyecto guardado en una carpeta y elegido para la ocasión.
Ahora tenemos la gran oportunidad de dar un paso importante y razonado hacia el progreso de nuestra cultura. Aportar un eslabón más a la cadena.
Aquella Córdoba construída en los años 50, 60 y 70, con nombres como Rafael de La-Hoz, Gerardo Olivares, José Chastang, el Equipo 57, las contribuciones plásticas para la arquitectura de Antonio Povedano y Tomás Egea, y tantos otros que trabajaron desde el compromiso con la cultura, tienen ahora su continuación en la nueva ribera de Juan Cuenca, el futuro centro de arte contemporáneo, la nueva sede de la Fundación Botí, el Palacio del Sur de Rem Koolhaas; aportando contemporaneidad, una vez más, a la historia de nuestra ciudad.
Los que vivimos en Córdoba somos los más indicados para tutelar la ciudad, igual que los sevillanos hacen con Sevilla, o los barceloneses con Barcelona. La apatía, mal llamada senequismo, es nuestro peor enemigo.
Con respeto, pero con derecho a opinar, pido sensibilidad a Rosa Aguilar, a demás políticos y urbanistas, por supuesto a constructores, a Ferrater; y recordarles una vez más que Córdoba será una ciudad moderna, en la medida que mostremos sensibilidad y reflexión hacia nuestra identidad, sabiendo que una sóla actuación urbanística equivocada, resonará como un ruído molesto y eterno sobre toda nuestra cultura.
Ser contemporáneo es saber coger el relevo, y para saber hacia dónde vamos, hay que empezar por recordar de dónde venimos.


Miguel Gómez Losada


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Ella nunca lo haría

No soy moderna. Antes era capaz de definir performance sin desdeñar los tecnicismos. Pronunciaba títulos de películas del Este de Europa (en su lengua original). Descubría a grupos y escritores un mes antes que el resto del planeta. Sólo me quedaba enterrar mis lentillas y lucir gafas de pasta. No es que ahora me parta la camisa al leer a Cadalso, no es que frente al espejo me declare extemporánea. Pero escucho y reflexiono y soy consciente: estoy a la penúltima.
De pequeña me gustaba faltar a clase, subir a la azotea, observar cómo mis amigos jugaban en el patio, mirar el cielo y a otras niñas como yo, en otras azoteas. Las iglesias del barrio rascaban la panza de las nubes. Me gustaba que sólo estuviese el cielo junto a mí. Poco glamour, y mucha utopía si nadie lo remedia. En el espacio que ocupa el Hotel Meliá, Prasa planea construir un edificio de más de veinte plantas, una altura que supera considerablemente a la torre de la Catedral, con el consiguiente impacto visual. Un rascacielos a pocos metros del casco histórico, que la UNESCO considera Patrimonio de la Humanidad. Veinte plantas que, para no desentonar, tendrán forma de ola y color dorado, atributos muy acordes con Córdoba; yo voy y me lo creo, porque no soy moderna y de estas cosas ni papa. Veinte plantas que no son una escultura a Juan de Mesa, ni una Casa de Cristal: no aceptan desplazamientos ni reformas. Y que superan con creces las normas actuales, que sufrirán un cambio —o un rodeo— para dotar de legalidad a la Torre, contando con el visto bueno y entusiasta del Ayuntamiento.
Lo moderno es relacionar arquitectura, vanguardia y cemento, continuar actuando —diez años ya— de espaldas al reconocimiento de la UNESCO. En un par de años presumiremos de Judería con escaparates, paredes forradas de camisetas y rascacielos guardaespaldas. Seguro que el boceto de la Torre Prasa destila elegancia y buen gusto, pero es lo que falta al empeño de construir veinte plantas junto a la Puerta de Almodóvar. Rosa Aguilar pidió valentía; yo me declaro antigua y cobarde. Consciente de mi conservadurismo, reclamo mi peineta y mi mantón para esconderme. A Córdoba la prefiero horizontal, discreta, expectante cuando bajas por la noche la Cuesta del Espino, austera Ribera arriba. Me gusta su perfil típico, de escudos y postales, pero tan hermoso por sí mismo, sin necesidad de temeridades arquitectónicas. Porque tantos remedios peores que la enfermedad ya hartan. Porque a esta ciudad se la ve venir, y la pobre debe estar cansada de semejante maltrato. Dejadla en paz. Ella nunca lo haría.

Elena Medel

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Cualquier solución que no pase por liberar el suelo que ocupa hoy día el hotel,dandole continuidad como zona verde es una ocasión fallida que las generaciones venideras podrán echarnos en cara. ¿Cómo es eso de taponar las referencias geográficas y paisajísticas que definen o enmarcan a la ciudad de Córdoba entre esos elementos naturales que son la sierra, el río y/o la Campiña?.Lo que debería plantearse es la continuidad del bulevar central a lo largo de la Avda.Conde de Vallellano eliminando los parterres laterales, prolongando así también las calzadas del Paseo de la victoria y República Argentina, hasta la confluencia con el Puente de San Rafael.Sería extraordinario para la ciudad esa continuidad espacial que uniría el río con el centro de la ciudad a través de un bulevar ajardinado. Un gran eje central verde, como espina dorsal de la ciudad a través de la cual la ciudad mostrase e hiciera fácilmente perceptible,con claridad ,los hitos geográficos que conforman la identidad de esta ciudad desde tiempos inmemoriales. Se debería defender una Imagen de ciudad que potencie visualmente los elementos geográficos y paisajísticos que tanta importancia tienen en el caso de Córdoba, ciudad enmarcada entre la Sierra y el Río.El denominado Hotel Meliá actualmente en pié, es un edificio que actúa a modo de tapón en medio y a lo largo de una zona verde.Siempre he pensado que los sucesivos Planes de Ordenación Urbana iban a contemplar su des-ubicación, y que se restañaría el daño urbanístico infringido a la ciudad hace 50 años de construir un equipamiento hotelero privado en una zona tan inadecuada.Lo llamativo de lo que está pasando es que se nos trate de influir de que lo que interesa para la ciudad es un nuevo edificio mas moderno , mas alto y de cinco estellas.Nadie o casi nadie dice que el planteamiento es falso, que no es sensato.Nadie dice que es el momento de replantear una propuesta mas urbana, y mas humanística culturalmente hablando, y que pasa por la trasladar a otro lugar la construcción del nuevo hotel, y la demolición del actual. No defendamos que si una altura u otra en el nuevo edificio.Defendamos la recuperación del solar como zona verde, posibilitando la continuidad espacial hasta el Río.Defendamos el DES-TAPONE del paisaje.Defendamos el poder de la ciudadanía frente a inereses particulares.

José María Trenado

15.5.05

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